sábado, 12 de diciembre de 2015

Entre voces y silencios

Hoy encontré una canción.
Encontré horas de colectivo, horas de paisajes repetidos.
Encontré un perfume a la mañana, un domingo, entre dos colchones tirados en el parqué.
El bullicio de un secador de pelo en mi pieza y un vapor de baño caliente qué empañó el ventanal que da al balcón que tiene vista al parque y que a la mañana no se puede dormir porque los autos se amotinan y no hacen otra cosa que tocar bocina aunque no tenga sentido porque la fila no avanza, pero no importa porque mañana es domingo y amanezco con vos. Y los domingos hay silencio y melancolía, porque cuando venís son los domingos los días que vos te vas y cuando no venís son los viernes los días que yo me vuelvo.
Este departamento es de silencio porque me encanta el silencio. Me gusta estar solo porque discuto conmigo mismo. He descubierto que a veces me aburren las personas. He tenido la oportunidad de conocerme a mi, y me resulto muy interesante para discutir muchas cosas. A veces estoy esperando el momento de que termine una reunión para poder reunirme conmigo y divagar sobre esas cosas que solo a mi y a mi nos interesan.
Pero los viernes venís con tus valijas de tamaño de meses, solo para quedarte días, y llenas de tus voces mis paredes y yo las disfruto tanto como si fueran mis silencios.

Me gusta cuando te quejas y por alguna razón sigo tranquilo y no espero que te vayas.
Me gusta cuando decís algo lindo y entonces tomamos té verde.

Y después te ibas con tus voces y hasta con algunos de mis silencios, pero me dejabas algo que no eran sonidos ni silencios. Sino palabras y dibujos en alguna hoja o en la cáscara de un lápiz.

Una alarma me despierta, y me despierta y me vuelve a despertar. Y después sigue sonando todo el día en mi cabeza. Pero me encanta llegar a la tardecita cuando el calor baja y se siente una briza fresca. Y ahí me acompañan mis silencios, hasta que te llamo o me llamas y por una hora o más tus voces me envuelven otro rato.
Y así pasa la semana. Hasta que llega el viernes y vos ya no venís. Entonces me subo a un colectivo por horas, y solo veo paisajes repetidos mientras escuchaba una canción que hoy encontré.

martes, 1 de diciembre de 2015

Carta a nadie

Prometo no hablarte.
Prometo no escucharte.
No me importa lo que hagas.
No me importa lo que digas.
Ni con quien hables.
Ni por qué ni cuando.
Simplemente no lo quiero saber...

No me molesta si me espías.
Si por casualidad estas ahí curioseando entre mis cosas.
O si tocas algo mío.
Ni si lo tomas por un momento.
Solo no dejes ni tus huellas ni tu olor.
Que no quede registro que yo pueda percibir.

No quiero olerte ni sentir tus pasos ni tu voz.
No dejes ni por un instante que intuya tu presencia.
Aunque nunca hayas estado.
Aunque no hayas siquiera querido estar cerca.

No quiero ofrecerte ni una milésima.
Ni una millonésima de espacio en mis pensamientos.

Desaparece de mis ojos.
De mis oidos.
De mi lengua.
De mis dejos.
Hasta de mis libros y mis canciones.

Y que todo esto se mantenga por tanto tiempo.
Que si alguna vez te veo, o te huelo, o te toco,
Y hasta si te doy un beso o un abrazo.
Ni siquiera sepa quien sos.
Que ni siquiera sepa que alguna vez fuiste.