Suelo escuchar muchas veces, cuando se debate sobre la criminalidad y cómo abordar esta problemática, una frase que a simple escucha parece ser (y lo es) muy razonable. Esta es la que dice que la delincuencia es un problema de educación.
Esta afirmación encierra muchísima verdad. Incluso pueden revisarse algunos estudios al respecto y se comprobará que, efectivamente, la delincuencia disminuye con el aumento de escolarización de las personas. Por ejemplo, en un artículo publicado en 2014 por la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) puede leerse que un año de escolarización puede disminuir hasta un 11% la tasa de arresto (Lochner). Sin embargo los estudios van más allá de esto y quedarse simplemente datos estadísticos sería conformarse con una mirada superflua de la realidad.
Lo cierto es que decir que la educación disminuye el crimen incluye varios aspectos que la frase misma no encierra. Cuando hablamos de educación debemos tener en cuenta varios aspectos que nos pueden parecer ajenos al tema pero lo afectan directamente. Para ejemplificar mencionaré algunos: en primer lugar la alimentación, en segundo lugar la accesibilidad a la educación y en tercer lugar especificar a qué nos referimos cuando hablamos de educación.
El primero de estos aspectos es el más básico. Basta observar la pirámide de Maslow para comprobar cuan importante es este aspecto en relación a la educación y la delincuencia. Si no podemos cubrir esta necesidad, el punto de urgencia estará primero en solucionar las exigencias orgánicas como sea, dejando de lado otras cuestiones, pues la salud y la energía para trabajar no se pueden conseguir sin alimentación, y mucho menos podemos entonces hablar de valores como la amistad, el afecto y otras necesidades humanas. Un pibe con hambre no puede ponerse a pensar en un problema de matemáticas o recordar fechas en historia, primero tiene que comer. Tampoco puede ponerse a pensar en lo que está bien o está mal, porque la realidad es que cuando el cuerpo te pide comida lo único que está mal es pasar hambre, todo lo demás queda en otro plano. Lamentablemente esto a veces se les pasa por alto a muchas personas que aseguran que la educación disminuye la delincuencia. Quizás porque nunca han pasado por esta situación, o porque lo niegan como un mecanismo defensivo ante la culpa que nos produce saber que quienes podemos comer todos los días hasta llenarnos somos, en este mundo tan pobre y desigual, dueños de una fortuna inimaginable, ni hablar de poder acceder a otros bienes como un vehículo.
El segundo punto que menciono versa sobre la accesibilidad que tenemos a la educación. Es sabido que hoy en día en Argentina esto es todo un tema muy problemático y que no puede tocarse sin entrar en debates indignantes. Lo cierto es que, en argentina tenemos uno de los índices más altos de escolarización. Por ejemplo en 2010 la taza de escolarización en secundarios era del 87% y en el 2016 del 93%. Es importante hablar de la escolarización en los secundarios ya que cuando hablamos de la relación entre delincuencia y crimen debemos saber que esto está directamente emparentado con el período adolescente del desarrollo humano, debido a las características psíquicas que se dinamizan en esta etapa en particular. No quiero generalizar con esto que la delincuencia pertenece a los jóvenes, sino simplemente aclarar que quienes atraviesan esta etapa puede ser más susceptibles de entrar en el comercio de la misma debido a las problemáticas que se ven obligadas a resolver estas personas. Muchas veces el adentramiento a la delincuencia no se debe a la obtención de una necesidad básica como la alimentación o la vestimenta, sino a una búsqueda de identidad que al adolescente le es imposible encontrar en su casa o en las diferentes instituciones que frecuenta. Por lo que no le queda más remedio que recurrir a lo que tenga a mano, por ejemplo delincuentes que se aprovechan de pibes en esta situación. Hay muchos estudios acerca de esta teoría y si leen algo al respecto descubrirán que la mayoría de los jóvenes que ingresan a la delincuencia lo hacen debido a esta crisis de identidad.
Por lo tanto, en cuanto al punto de la accesibilidad a la educación, pienso que, si bien hay una alta taza de escolarización, eso no impide que los adolescentes lleguen a la delincuencia, pero no porque la educación no sea importante en este punto o no tenga ningún efecto sino porque la educación de la que estamos hablando, y con esto nos metemos en el tercer punto, se refiere, no solo a esta sino también a otros aprendizajes indispensables de los seres humanos, como por ejemplo aquel que transitamos en relación de dependencia con la familia.
Llevar adelante una familia no es algo sencillo, y tampoco es algo que nos enseñen en la escuela. Es más bien un saber que cultivamos mediante las relaciones humanas, las costumbres, la tradición o, si se quiere, nuestras creencias.
La educación como la conocemos cambia radicalmente cuando la yuxtaponemos con estos tópicos. Educar ya no se trata de un traspaso de conocimiento directo desde una persona jerárquicamente superior hacia otra desprovista de tales saberes, sino que en este caso hablamos de un conocimiento que integra al sentido común y también a nuestra manera de relacionarnos con el mundo y las demás personas. La dinámica social de determinados sectores posibilita, o no, que distintos aspectos humanos puedan desarrollarse adecuadamente en relación al resto de la sociedad.
Una familia puede padecer muchas problemáticas que lleven a los adolescentes a adentrarse en los caminos de la delincuencia y sin embargo otras instituciones pueden contener a estas personas, por ejemplo las vecinales, las agrupaciones que realizan trabajos en los barrios. Estas instituciones les dan un lugar a muchas personas para que simplemente puedan ser "alguien". Son lugares donde se pueden albergar ambientes psicohigiénicos, donde las personas pueden encontrar una contención para mirar más claramente sus posibilidades y su futuro.
Entonces, volviendo al punto central. ¿La educación disminuye la delincuencia? Si, pero no se trata solamente de mandar a los pibes a la escuela. Hay que ir a los barrios, generar instituciones que movilicen la dinámica social, que le den alternativas diferentes. Hay que lograr una educación accesible para todos, que los docentes puedan obtener un salario digno por su labor y una formación actualizada y competente, solucionar el problema de la alimentación (esto ya no es una cuestión de si trabajás o no: un pibe con hambre tiene que comer y punto, no hay discusión en esto, si no tiene comida un niño se la das, si no tiene ropa también). El primer responsable de cada niño es su familia, pero si esta no se hace cargo, por falta de posibilidades o simple negligencia, tienen que existir las medidas políticas necesarias para cubrir esas problemáticas con la mayor eficacia y velocidad posibles.
Quiero abrir una última pregunta derivada de la otra: ¿La delincuencia es consecuencia directa de la falta de educación? Y aquí me tomo licencia para responder con el sentido común. La gran mayoría sabemos, y tenemos experiencia de ello, que una persona con mucha educación también puede llegar a ser delincuente, así como una persona muy rica también lo puede ser, y no necesariamente por estar atravesando situaciones de crisis graves como la pérdida total de los bienes. Por lo tanto solo me queda expresar, y ya para terminar, que la calidad de delincuente no se reserva solo para algunos sectores demográficos, sino que cualquier persona puede llegar a serlo si se dan las condiciones para serlo, o bien si su ética lo admite, y ésta última, lejos de aprenderse de manera pasiva en un aula, es un valor que se integra a nuestra personalidad mediante el desarrollo de la identidad, el cuál debe asegurarse para todas las personas a través de medidas de salud pública y psicohigiénicas adecuadas.
Lo último y más importante que puedo decir es que para llevar adelante toda propuesta que se haga y para que éstas funcionen, es necesario que todos nosotros tomemos conciencia de estos aspectos formándonos, aprendiendo, leyendo y tratar de basar nuestras opiniones en fundamentos. No se puede saberlo todo, pero siempre se puede saber un poco más. Para ganarle a la delincuencia es preciso mediar con la educación, pero con la educación de todas las personas, no solo de quienes delinquen.
Esta es mi opinión al respecto, seguramente plagada de defectos que podré ir rectificando conforme vaya aprendiendo y adquiriendo mayor experiencia.