domingo, 30 de julio de 2017

Delincuencia y educación

Suelo escuchar muchas veces, cuando se debate sobre la criminalidad y cómo abordar esta problemática, una frase que a simple escucha parece ser (y lo es) muy razonable. Esta es la que dice que la delincuencia es un problema de educación.
Esta afirmación encierra muchísima verdad. Incluso pueden revisarse algunos estudios al respecto y se comprobará que, efectivamente, la delincuencia disminuye con el aumento de escolarización de las personas. Por ejemplo, en un artículo publicado en 2014 por la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) puede leerse que un año de escolarización puede disminuir hasta un 11% la tasa de arresto (Lochner). Sin embargo los estudios van más allá de esto y quedarse simplemente datos estadísticos sería conformarse con una mirada superflua de la realidad.
Lo cierto es que decir que la educación disminuye el crimen incluye varios aspectos que la frase misma no encierra. Cuando hablamos de educación debemos tener en cuenta varios aspectos que nos pueden parecer ajenos al tema pero lo afectan directamente. Para ejemplificar mencionaré algunos: en primer lugar la alimentación, en segundo lugar la accesibilidad a la educación y en tercer lugar especificar a qué nos referimos cuando hablamos de educación.
El primero de estos aspectos es el más básico. Basta observar la pirámide de Maslow para comprobar cuan importante es este aspecto en relación a la educación y la delincuencia. Si no podemos cubrir esta necesidad, el punto de urgencia estará primero en solucionar las exigencias orgánicas como sea, dejando de lado otras cuestiones, pues la salud y la energía para trabajar no se pueden conseguir sin alimentación, y mucho menos podemos entonces hablar de valores como la amistad, el afecto y otras necesidades humanas. Un pibe con hambre no puede ponerse a pensar en un problema de matemáticas o recordar fechas en historia, primero tiene que comer. Tampoco puede ponerse a pensar en lo que está bien o está mal, porque la realidad es que cuando el cuerpo te pide comida lo único que está mal es pasar hambre, todo lo demás queda en otro plano. Lamentablemente esto a veces se les pasa por alto a muchas personas que aseguran que la educación disminuye la delincuencia. Quizás porque nunca han pasado por esta situación, o porque lo niegan como un mecanismo defensivo ante la culpa que nos produce saber que quienes podemos comer todos los días hasta llenarnos somos, en este mundo tan pobre y desigual, dueños de una fortuna inimaginable, ni hablar de poder acceder a otros bienes como un vehículo.
El segundo punto que menciono versa sobre la accesibilidad que tenemos a la educación. Es sabido que hoy en día en Argentina esto es todo un tema muy problemático y que no puede tocarse sin entrar en debates indignantes. Lo cierto es que, en argentina tenemos uno de los índices más altos de escolarización. Por ejemplo en 2010 la taza de escolarización en secundarios era del 87% y en el 2016 del 93%. Es importante hablar de la escolarización en los secundarios ya que cuando hablamos de la relación entre delincuencia y crimen debemos saber que esto está directamente emparentado con el período adolescente del desarrollo humano, debido a las características psíquicas que se dinamizan en esta etapa en particular. No quiero generalizar con esto que la delincuencia pertenece a los jóvenes, sino simplemente aclarar que quienes atraviesan esta etapa puede ser más susceptibles de entrar en el comercio de la misma debido a las problemáticas que se ven obligadas a resolver estas personas. Muchas veces el adentramiento a la delincuencia no se debe a la obtención de una necesidad básica como la alimentación o la vestimenta, sino a una búsqueda de identidad que al adolescente le es imposible encontrar en su casa o en las diferentes instituciones que frecuenta. Por lo que no le queda más remedio que recurrir a lo que tenga a mano, por ejemplo delincuentes que se aprovechan de pibes en esta situación. Hay muchos estudios acerca de esta teoría y si leen algo al respecto descubrirán que la mayoría de los jóvenes que ingresan a la delincuencia lo hacen debido a esta crisis de identidad.
Por lo tanto, en cuanto al punto de la accesibilidad a la educación, pienso que, si bien hay una alta taza de escolarización, eso no impide que los adolescentes lleguen a la delincuencia, pero no porque la educación no sea importante en este punto o no tenga ningún efecto sino porque la educación de la que estamos hablando, y con esto nos metemos en el tercer punto, se refiere, no solo a esta sino también a otros aprendizajes indispensables de los seres humanos, como por ejemplo aquel que transitamos en relación de dependencia con la familia.
Llevar adelante una familia no es algo sencillo, y tampoco es algo que nos enseñen en la escuela. Es más bien un saber que cultivamos mediante las relaciones humanas, las costumbres, la tradición o, si se quiere, nuestras creencias.
La educación como la conocemos cambia radicalmente cuando la yuxtaponemos con estos tópicos. Educar ya no se trata de un traspaso de conocimiento directo desde una persona jerárquicamente superior hacia otra desprovista de tales saberes, sino que en este caso hablamos de un conocimiento que integra al sentido común y también a nuestra manera de relacionarnos con el mundo y las demás personas. La dinámica social de determinados sectores posibilita, o no, que distintos aspectos humanos puedan desarrollarse adecuadamente en relación al resto de la sociedad.
Una familia puede padecer muchas problemáticas que lleven a los adolescentes a adentrarse en los caminos de la delincuencia y sin embargo otras instituciones pueden contener a estas personas, por ejemplo las vecinales, las agrupaciones que realizan trabajos en los barrios. Estas instituciones les dan un lugar a muchas personas para que simplemente puedan ser "alguien". Son lugares donde se pueden albergar ambientes psicohigiénicos, donde las personas pueden encontrar una contención para mirar más claramente sus posibilidades y su futuro.
Entonces, volviendo al punto central. ¿La educación disminuye la delincuencia? Si, pero no se trata solamente de mandar a los pibes a la escuela. Hay que ir a los barrios, generar instituciones que movilicen la dinámica social, que le den alternativas diferentes. Hay que lograr una educación accesible para todos, que los docentes puedan obtener un salario digno por su labor y una formación actualizada y competente, solucionar el problema de la alimentación (esto ya no es una cuestión de si trabajás o no: un pibe con hambre tiene que comer y punto, no hay discusión en esto, si no tiene comida un niño se la das, si no tiene ropa también). El primer responsable de cada niño es su familia, pero si esta no se hace cargo, por falta de posibilidades o simple negligencia, tienen que existir las medidas políticas necesarias para cubrir esas problemáticas con la mayor eficacia y velocidad posibles.
Quiero abrir una última pregunta derivada de la otra: ¿La delincuencia es consecuencia directa de la falta de educación? Y aquí me tomo licencia para responder con el sentido común. La gran mayoría sabemos, y tenemos experiencia de ello, que una persona con mucha educación también puede llegar a ser delincuente, así como una persona muy rica también lo puede ser, y no necesariamente por estar atravesando situaciones de crisis graves como la pérdida total de los bienes. Por lo tanto solo me queda expresar, y ya para terminar, que la calidad de delincuente no se reserva solo para algunos sectores demográficos, sino que cualquier persona puede llegar a serlo si se dan las condiciones para serlo, o bien si su ética lo admite, y ésta última, lejos de aprenderse de manera pasiva en un aula, es un valor que se integra a nuestra personalidad mediante el desarrollo de la identidad, el cuál debe asegurarse para todas las personas a través de medidas de salud pública y psicohigiénicas adecuadas.
Lo último y más importante que puedo decir es que para llevar adelante toda propuesta que se haga y para que éstas funcionen, es necesario que todos nosotros tomemos conciencia de estos aspectos formándonos, aprendiendo, leyendo y tratar de basar nuestras opiniones en fundamentos. No se puede saberlo todo, pero siempre se puede saber un poco más. Para ganarle a la delincuencia es preciso mediar con la educación, pero con la educación de todas las personas, no solo de quienes delinquen.
Esta es mi opinión al respecto, seguramente plagada de defectos que podré ir rectificando conforme vaya aprendiendo y adquiriendo mayor experiencia.

martes, 4 de julio de 2017

Tocar el infito

¿Se puede tocar el infinito? 
Lo pensó mucho tiempo. "Si tan solo puedo tocar una pequeña parte del universo entonces no, no puedo tocar el infinito".
¿Existirá algún átomo de la totalidad del cosmos que jamás llegue tocarme, directa o indirectamente, y que jamás llegue a influirme, ni de la manera más nimia? 
Pensé en algo que dijo una vez Gabrielle Roth: "La respiración es una amante promiscua. El aire que acabas de tomar fue parte de alguien hace unos momentos, y cuando lo dejes ir se desplazará y será parte de alguien más".
Quizás el universo respira de alguna manera. Y en el complejo entramado de aquella vertiente viviente, de proporciones astronómicas, todas las estrellas; todas las moléculas; todos los mundos; todas las guerras; todo lo que ha vivido; todo, absolutamente todo, sea parte de mí en todo momento, y yo y cada uno de todos nosotros, seamos parte de todo en todo momento.
Si hoy sonrío, al menos una vez, le habré cambiado algo al universo, por ínfimo que sea, y aquello diferente en el cosmos nos cambiará también. Y si alguien en el cosmos sonríe hoy, al menos una vez, habrá cambiado algo en mi y en todos nosotros, por diminuto e insignificante que fuera.
Puede pasar también, que no pueda siquiera levantarme de la cama, mucho menos los músculos de la cara. Y es probable que ese día le cambie algo a mi casa o a mi barrio, o siquiera siga todo como siempre. Y quizás por eso me culpe, y por culparme no quiera levantarme en todo el día, y por no levantarme me vuelva a culpar, y por tanta culpa no pueda dormir. Pero si, al menos una sola vez en todo el maldito día, logro sacarme una sonrisa, seguro valdrá la pena, porque alguien el cosmos cambió algo en mí.

martes, 21 de febrero de 2017

Atención

Cuando me das la espalda, cuando pones tu atención en cualquier otra cosa, yo me quedo viéndote hacia el suelo. Por momentos pareciera que me transparento y observo esta escena desde detrás de una pantalla. Y es así. Ya no estoy ahí.
Después me hablás y me materializo en el cuarto, como si solo tu atención me hubiese hecho aparecer. Qué triste es no poder existir sino a travez de tus ojos. Si al menos supieras como entra la vida en mi cuerpo cuando solo me observas.
Me fascina ese masoquismo que es verte hacer tu vida en libertad y que yo no esté incluido en ella. Es como si tuviese el poder de poner todo lo bello, todas aquellas cosas que ansío, en vos y así mismo darte la capacidad de despojarme de aquello, distraída, o, con solo poner tu atención sobre mí, abrir un canal y dejar libre su afluente y que me atraviese.
Me resulta extraño que alguna vez no te hayas querido. Deberías haberte visto con mis ojos.
¿Quién soy yo ante tus ojos?
Y hay tantas formas de llamar tu atención... Pero no me sirven para nada. Porque resulta imprescindible que yo ni me percate de estoy ahí, absorbiendo tu mirada, y que de la nada me descubra lleno de vida y no sepa por qué.

lunes, 31 de octubre de 2016

Museo de los recuerdos rumiantes

Maniquíes ensombrecidos,
desparramados por la galería del pasado.
Pieles que hemos abandonado,
son el vestigio de sueños que no fueron.

Somos una carcasa rellena de deseos.

Cada cuerpo avanza hacia un lugar que no existe,
cada promesa se disuelve ante la inconmensurable realidad.
Somos un deseo que pide ser escuchado,
somos una muerte anticipada escondida debajo de la cama.

Somos primero paranoia e ilusión, después culpa y desilusión, y 
al final amnesia y locura.

Vivimos porque nos desearon vivos.
Deseamos porque nos dejaron sin pecho.
Somos la mitad que nunca fue partida.
Somos la completud que se percibe incompleta.
O somos la incompletud que se percibe completa.
Y ese vaivén rumiante llevamos en el pecho,
mientras regamos la galaxia de pieles que ya no sirven.
Somos una contradicción que defeca sus fantasías sobre la memoria.

sábado, 9 de enero de 2016

Serafín

Tengo un Dios
Aquí adentro de mi pecho
No es la sangre ni mi corazón
Pero si no está mis venas se cuajan en globulosas indiferencias.

Tengo un Dios
En las palmas de mis manos, en las yemas de mis dedos
Él no puede moverlas
Pero si no está no acarician, ni recuerdan que tu piel es porcelana
y que se rompe con la mirada
de estos ojos que no te miran, y te olvidan.

Hay un Dios en el aire
En el silencio
Pero puedo escuchar como desaparece
Y a medida que él se va, hasta la oscuridad dejo de ver
Y hasta tu llanto me deja de ensordecer...

Sin él
Ni mi sombra veo en el espejo
Ni lo pienso ni me pienso.

Soy un niño que desaparece en la oscuridad y el silencio
En un rincón de la inconsciencia de este animal
Que come para no tener hambre
Que bebe para no tener sed
Que respira para no asfixiarse
Que sueña para no despertar
Que despierta para no dormirse
Que se abraza las rodillas,
como un hueco sobre otro hueco,
para no estar vacío...
...
...
...
...luz...
...
...
...
Me acogen sus alas
y escucho ya mi llanto
y siento ya mi frío
y sus alas salen de mi espalda
y acepto estas lágrimas tibias en mis mejillas,
en costra de sal de pena sublimada, de ausencia que se ausenta.
Acepto esta piel helada, que se fusiona y evapora,
que se disuelve en el recuerdo.
Y finalmente acepto este abrazo desde adentro,
de este niño que yo cuido.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Entre voces y silencios

Hoy encontré una canción.
Encontré horas de colectivo, horas de paisajes repetidos.
Encontré un perfume a la mañana, un domingo, entre dos colchones tirados en el parqué.
El bullicio de un secador de pelo en mi pieza y un vapor de baño caliente qué empañó el ventanal que da al balcón que tiene vista al parque y que a la mañana no se puede dormir porque los autos se amotinan y no hacen otra cosa que tocar bocina aunque no tenga sentido porque la fila no avanza, pero no importa porque mañana es domingo y amanezco con vos. Y los domingos hay silencio y melancolía, porque cuando venís son los domingos los días que vos te vas y cuando no venís son los viernes los días que yo me vuelvo.
Este departamento es de silencio porque me encanta el silencio. Me gusta estar solo porque discuto conmigo mismo. He descubierto que a veces me aburren las personas. He tenido la oportunidad de conocerme a mi, y me resulto muy interesante para discutir muchas cosas. A veces estoy esperando el momento de que termine una reunión para poder reunirme conmigo y divagar sobre esas cosas que solo a mi y a mi nos interesan.
Pero los viernes venís con tus valijas de tamaño de meses, solo para quedarte días, y llenas de tus voces mis paredes y yo las disfruto tanto como si fueran mis silencios.

Me gusta cuando te quejas y por alguna razón sigo tranquilo y no espero que te vayas.
Me gusta cuando decís algo lindo y entonces tomamos té verde.

Y después te ibas con tus voces y hasta con algunos de mis silencios, pero me dejabas algo que no eran sonidos ni silencios. Sino palabras y dibujos en alguna hoja o en la cáscara de un lápiz.

Una alarma me despierta, y me despierta y me vuelve a despertar. Y después sigue sonando todo el día en mi cabeza. Pero me encanta llegar a la tardecita cuando el calor baja y se siente una briza fresca. Y ahí me acompañan mis silencios, hasta que te llamo o me llamas y por una hora o más tus voces me envuelven otro rato.
Y así pasa la semana. Hasta que llega el viernes y vos ya no venís. Entonces me subo a un colectivo por horas, y solo veo paisajes repetidos mientras escuchaba una canción que hoy encontré.

martes, 1 de diciembre de 2015

Carta a nadie

Prometo no hablarte.
Prometo no escucharte.
No me importa lo que hagas.
No me importa lo que digas.
Ni con quien hables.
Ni por qué ni cuando.
Simplemente no lo quiero saber...

No me molesta si me espías.
Si por casualidad estas ahí curioseando entre mis cosas.
O si tocas algo mío.
Ni si lo tomas por un momento.
Solo no dejes ni tus huellas ni tu olor.
Que no quede registro que yo pueda percibir.

No quiero olerte ni sentir tus pasos ni tu voz.
No dejes ni por un instante que intuya tu presencia.
Aunque nunca hayas estado.
Aunque no hayas siquiera querido estar cerca.

No quiero ofrecerte ni una milésima.
Ni una millonésima de espacio en mis pensamientos.

Desaparece de mis ojos.
De mis oidos.
De mi lengua.
De mis dejos.
Hasta de mis libros y mis canciones.

Y que todo esto se mantenga por tanto tiempo.
Que si alguna vez te veo, o te huelo, o te toco,
Y hasta si te doy un beso o un abrazo.
Ni siquiera sepa quien sos.
Que ni siquiera sepa que alguna vez fuiste.