Cuando me das la espalda, cuando pones tu atención en cualquier otra cosa, yo me quedo viéndote hacia el suelo. Por momentos pareciera que me transparento y observo esta escena desde detrás de una pantalla. Y es así. Ya no estoy ahí.
Después me hablás y me materializo en el cuarto, como si solo tu atención me hubiese hecho aparecer. Qué triste es no poder existir sino a travez de tus ojos. Si al menos supieras como entra la vida en mi cuerpo cuando solo me observas.
Me fascina ese masoquismo que es verte hacer tu vida en libertad y que yo no esté incluido en ella. Es como si tuviese el poder de poner todo lo bello, todas aquellas cosas que ansío, en vos y así mismo darte la capacidad de despojarme de aquello, distraída, o, con solo poner tu atención sobre mí, abrir un canal y dejar libre su afluente y que me atraviese.
Me resulta extraño que alguna vez no te hayas querido. Deberías haberte visto con mis ojos.
¿Quién soy yo ante tus ojos?
Y hay tantas formas de llamar tu atención... Pero no me sirven para nada. Porque resulta imprescindible que yo ni me percate de estoy ahí, absorbiendo tu mirada, y que de la nada me descubra lleno de vida y no sepa por qué.