lunes, 31 de octubre de 2016
Museo de los recuerdos rumiantes
sábado, 9 de enero de 2016
Serafín
Tengo un Dios
Aquí adentro de mi pecho
No es la sangre ni mi corazón
Pero si no está mis venas se cuajan en globulosas indiferencias.
Tengo un Dios
En las palmas de mis manos, en las yemas de mis dedos
Él no puede moverlas
Pero si no está no acarician, ni recuerdan que tu piel es porcelana
y que se rompe con la mirada
de estos ojos que no te miran, y te olvidan.
Hay un Dios en el aire
En el silencio
Pero puedo escuchar como desaparece
Y a medida que él se va, hasta la oscuridad dejo de ver
Y hasta tu llanto me deja de ensordecer...
Sin él
Ni mi sombra veo en el espejo
Ni lo pienso ni me pienso.
Soy un niño que desaparece en la oscuridad y el silencio
En un rincón de la inconsciencia de este animal
Que come para no tener hambre
Que bebe para no tener sed
Que respira para no asfixiarse
Que sueña para no despertar
Que despierta para no dormirse
Que se abraza las rodillas,
como un hueco sobre otro hueco,
para no estar vacío...
...
...
...
...luz...
...
...
...
Me acogen sus alas
y escucho ya mi llanto
y siento ya mi frío
y sus alas salen de mi espalda
y acepto estas lágrimas tibias en mis mejillas,
en costra de sal de pena sublimada, de ausencia que se ausenta.
Acepto esta piel helada, que se fusiona y evapora,
que se disuelve en el recuerdo.
Y finalmente acepto este abrazo desde adentro,
de este niño que yo cuido.