desparramados por la galería del pasado.
Pieles que hemos abandonado,
son el vestigio de sueños que no fueron.
Somos una carcasa rellena de deseos.
Cada cuerpo avanza hacia un lugar que no existe,
cada promesa se disuelve ante la inconmensurable realidad.
Somos un deseo que pide ser escuchado,
somos una muerte anticipada escondida debajo de la cama.
Somos primero paranoia e ilusión, después culpa y desilusión, y
al final amnesia y locura.
Vivimos porque nos desearon vivos.
Deseamos porque nos dejaron sin pecho.
Somos la mitad que nunca fue partida.
Somos la completud que se percibe incompleta.
O somos la incompletud que se percibe completa.
Y ese vaivén rumiante llevamos en el pecho,
mientras regamos la galaxia de pieles que ya no sirven.
Somos una contradicción que defeca sus fantasías sobre la memoria.
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