Lo pensó mucho tiempo. "Si tan solo puedo tocar una pequeña parte del universo entonces no, no puedo tocar el infinito".
¿Existirá algún átomo de la totalidad del cosmos que jamás llegue tocarme, directa o indirectamente, y que jamás llegue a influirme, ni de la manera más nimia?
Pensé en algo que dijo una vez Gabrielle Roth: "La respiración es una amante promiscua. El aire que acabas de tomar fue parte de alguien hace unos momentos, y cuando lo dejes ir se desplazará y será parte de alguien más".
Quizás el universo respira de alguna manera. Y en el complejo entramado de aquella vertiente viviente, de proporciones astronómicas, todas las estrellas; todas las moléculas; todos los mundos; todas las guerras; todo lo que ha vivido; todo, absolutamente todo, sea parte de mí en todo momento, y yo y cada uno de todos nosotros, seamos parte de todo en todo momento.
Si hoy sonrío, al menos una vez, le habré cambiado algo al universo, por ínfimo que sea, y aquello diferente en el cosmos nos cambiará también. Y si alguien en el cosmos sonríe hoy, al menos una vez, habrá cambiado algo en mi y en todos nosotros, por diminuto e insignificante que fuera.
Puede pasar también, que no pueda siquiera levantarme de la cama, mucho menos los músculos de la cara. Y es probable que ese día le cambie algo a mi casa o a mi barrio, o siquiera siga todo como siempre. Y quizás por eso me culpe, y por culparme no quiera levantarme en todo el día, y por no levantarme me vuelva a culpar, y por tanta culpa no pueda dormir. Pero si, al menos una sola vez en todo el maldito día, logro sacarme una sonrisa, seguro valdrá la pena, porque alguien el cosmos cambió algo en mí.
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